Proyectar el 2026 también es diseñar la experiencia del colaborador


Planificar el año suele ser un ejercicio ordenado. Se revisan los presupuestos, los objetivos e indicadores y se traspasan al resto del equipo para que pueda avanzar según lo establecido. Sin embargo, existe un punto clave que suele olvidarse y que termina pesando lo mismo que cualquier meta: la experiencia del colaborador.

Pero, ¿de qué trata esa experiencia? De cómo se vive el trabajo en la práctica, de cómo se atraviesan los meses, los cambios y los momentos de mayor exigencia. Es decir, es una percepción acumulada que se construye con cada decisión, grande o pequeña, que toma la empresa y que, con el tiempo, termina influyendo en cómo las personas evalúan su lugar de trabajo.


Planificar desde la experiencia del colaborador cambia el punto de partida

Distintos estudios muestran que la experiencia del colaborador se define mucho antes de que aparezcan los beneficios o los incentivos. Según Gallup, las personas deciden si quedarse o no en una empresa a partir de cómo viven su día a día: claridad, coherencia y sensación de cuidado pesan más que acciones puntuales. Por eso, cuando la planificación anual ignora esa experiencia cotidiana, el impacto se siente rápido en compromiso y permanencia.

De cierta forma, esta mirada agrega criterio, ya que permite anticipar fricciones, ordenar expectativas y evitar que el año se viva como una sucesión de exigencias desconectadas. En la práctica, planificar desde la experiencia ayuda a que el trabajo sea más predecible, incluso cuando el contexto no lo es.

Por eso, es importante determinar qué momentos del año concentran mayor presión, dónde aparecen los cambios más sensibles y qué decisiones pueden marcar una diferencia real en el día a día del equipo.


Los momentos que terminan definiendo la experiencia

El inicio del año es uno de ellos. Cómo se ordenan las prioridades, cómo se recibe a quienes vuelven o se integran y qué señales se entregan en ese primer tramo marca una referencia que se arrastra durante meses. Lo mismo pasa con los procesos de onboarding, los cambios de equipo o los cierres de proyectos. Todas ellas son instancias donde la experiencia se confirma o se tensiona.

En esas ocasiones, las personas evalúan coherencia, si lo que se planificó conversa con lo que se vive o si vuelve a aparecer la sensación de improvisación y desgaste.

Proyectar el año desde esta mirada implica ampliar la planificación. Ayuda a pensar qué se quiere lograr, cómo se va a vivir ese proceso, qué tipo de experiencia se quiere sostener cuando la carga aumenta, cuando hay cambios o cuando el año avanza y el cansancio aparece. Esa definición, aunque no siempre explícita, termina marcando la diferencia entre equipos que solo cumplen y equipos que se comprometen.

En Mercado Wibai trabajamos con empresas que entienden que la experiencia del colaborador también se construye en los detalles que acompañan el año. Si estás buscando formas de iniciar una etapa con tus colaboradores, marcar un hito de tu empresa o simplemente reconocer, conversemos.